martes, 18 de noviembre de 2014

Carta al ministro de Seguridad

Estimado Benito Lara:
Policías detenidos al cobrar renta, un agente de la DAN fugitivo luego de asesinar a dos jornaleros en Mercedes Umaña, una página Facebook llamada “Héroes Azul” que ataca y amenaza a periodistas que escriben de estos casos, un dramático auge en el uso letal de armas en muchos operativos policiales, cateos y detenciones arbitrarias en muchas comunidades, unidades de inteligencia que actúan con lógica partidaria… usted tiene algunos problemas serios en su policía, ministro.
Yo siempre defiendo (y seguiré haciéndolo) a la Policía Nacional Civil contra acusaciones generales que hablan de infiltración del crimen organizado, de un cuerpo policial corrompido. Sé que esto no es cierto. La PNC como institución sigue siendo la mejor policía de Centro América. La corrupción, las actitudes delincuenciales y las violaciones a los Derechos Humanos no son institucionales. Hay malos policías, como en cualquier cuerpo de seguridad del mundo. Sólo miremos lo que está pasando en Ferguson/Missouri, en el estado mexicano de Guerrero, en San Pedro Sula o en Guatemala.
Lo que preocupa es que no se ve claro cómo el gobierno, y usted como ministro responsable de seguridad, quiere enfrentar estos problemas. La corrupción policial y los abusos de autoridad florecen más cuando hay un vacío de liderazgo y de estrategias de seguridad coherentes. Esto está pasando. El gobierno no ha definido su plan de seguridad: El presidente habla un discurso general, en el recién nombrado Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana hay varios discursos, usted más bien está callado (porque es obvio que lo del Consejo no es su proyecto) - y mientras tanto la cúpula policial, calladita, crea hechos implementando planes que nunca se discutieron, ni en el ministerio, ni en Casa Presidencial, ni mucho menos en el Consejo de honorables.
Y algunos de estos planes y hechos creados son inconfesables, usted lo sabe igual que yo y muchos observadores. Mientras todos hablan de la Policía Comunitaria, la PNC ha regresado a sus viejas y fracasadas prácticas de mano dura: redadas en las comunidades, capturas masivas, acoso permanente a los familiares de los cabecillas de las pandillas…
Y en este rio revuelto muchos policías, carente de una conducción clara y una visión unificada, toman sus propias decisiones. Algunos delinquiendo para su propio beneficio, otros tomando la justicia en sus manos. Donde no hay una mística y además nunca llegan los recursos para poder desarrollar un trabajo profesional, se abre espacio para la corrupción.
En el fondo, nadie cree en la receta mágica de la policía comunitaria. Los agentes saben que es discurso político. Además, donde realmente hay problemas, se aplica, por ordenes de arriba, lo contrario. Por ejemplo, en lugares como Las Palmas, los agentes desplegados bajo el concepto de la policía comunitaria, no hacen absolutamente nada. Y tienen razón: nada pueden hacer, cuando a cada rato entran otras unidades como fuerza de choque, botan puertas, maltratan a la gente, expresan amenazas.
Si la mano derecha trata de hacer lo contrario que la izquierda, al fin no se resuelve nada. Ni se reprime con eficiencia ni se gana la confianza de la comunidad. Pero sí se crea daños, a la policía igual que al tejido social.
Me gustaría ver a usted asumir el liderazgo, hablar claro, poner orden en este desmadre. Sin liderazgo no hay mística, y sin mística cualquier cuerpo policial anda perdido y se corrompe.
Algún día, sin hacer caso a diferencias ideológicas, hablemos de esto. Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy

lunes, 17 de noviembre de 2014

Josué Alvarado: “Cuando la gente correcta se haga cargo de la política, este país vuela”

Conversación de Paolo Lüers con un empresario que incursiona la política

Nacío en el 1957 en El Carmen en La Unión. Emigró para Estados Unidos en 1986. En el 1990, luego de 4 años de vendedor informal, funda en Washington la empresa Rio Grande, que comienza a distribuir productos alimenticios latinos en Estados Unidos. En el 1996 inicia la producción en El Salvador, con seis empleados en Santa Tecla. Hoy emplea 400 trabajadores en su fábrica en San Martín, y otros 250 en sus operaciones agrícolas en el departamento La Paz. Produce en El Salvador para Estados Unidos y Canadá. Este año se inscribió en el PDC para postularse como candidato a diputado en San Salvador.
Paolo Lüers: Todos se quieren ir del país. Y tú haces lo contrario: teniendo éxito en USA, montas una fábrica en El Salvador. Teniendo éxito con esta empresa, que produce y exporta 60 mil pupusas al día y similar número de tamales, compras tierras en el departamento La Paz y montas una ganadería, que ahora es una de las más eficientes del país. Y además comienzas a cultivar maíz a escala grande, con sistemas de riego innovadores. Ahora te metes en política y corres por una diputación. ¿Por qué todo esto, si estabas bien en Estados Unidos y en la vida empresarial?
Josué Alvarado en su fábrica Rio Grande en San Martín
Josué Alvarado: En primer lugar, porque amo este país. La mayoría de los salvadoreños en Estados Unidos, cuando llegamos a la mayoría de edad, comenzamos a ver cómo regresar al país, aunque sea para vivir la vejez…
Pero tú no viniste a El Salvador en plan de retiro. Las inversiones tuyas en El Salvador, ¿son un gesto de amor al país, o es una inversión para hacer ganancias como cualquier empresario? O sea, ¿es viable invertir y producir en ES?
Sí es viable y se puede ganar dinero, a pesar de las condiciones adversas. Y si mejoramos un poco las condiciones, este país lo sacamos adelante.
Entonces, este tu modelo de una pata en Estados Unidos, la distribución, y la otra en El Salvador, la producción, ¿te funciona?
Me funciona. Yo produzco aquí y nuestro mercado está en Canadá y Estados Unidos, aunque también comenzamos a vender aquí. Y todavía estamos expandiendo la producción, a pesar de que el país no ofrece el mejor escenario. El costo de electricidad y gas es demasiado alto, y el costo de seguridad te complica todo. Esto nos desfavorece dramáticamente. Pero esto se compensa por la dedicación que tienen nuestra gente al trabajo.
¿Te hubiera salido más barato producir en otra parte de Centroamérica?
Tal vez sería más barato. Pero nosotros nacimos en el mercado de los salvadoreños en Estados Unidos, y es una gran ventaja que lo que vendemos sea “Made in El Salvador”. Hay un potencial grande, siempre cuando logremos hacer la conexión con el potencial económico de los 3 millones de salvadoreños en el exterior; siempre cuando sepamos producir lo que ellos buscan en nuestro país, y con valor agregado; y siempre cuando se construya un sistema de distribución en Estados Unidos, que llegue a todas partes donde hay gente nuestra. Una vez que los productos penetran con los salvadoreños, dan el salto para todos los latinos. Y en el caso de Rio Grande, se convierten en productos para el público americano en general.
¿En cuánto a inversión, también existe un potencial entre los migrantes salvadoreños?
Muchos quisieran invertir aquí en El Salvador, pero no son tan aventados como yo, ven más bien los riesgos: violencia, inseguridad jurídica y política… Las noticias no son favorables para incentivar la inversión.
¿Y tú por qué te arriesgaste?
Cantidad de gente me ha dicho que estoy loco invirtiendo en El Salvador. Comencé chiquito, con poca inversión, pero me di cuenta que en el país se puede trabajar, invertir, expandir - y ganar dinero. Mejorando las políticas públicas, sobre todo de seguridad, se puede abrir espacio a la inversión, se puede trabajar rentablemente, y sobre todo: se puede cambiar la situación de muchas familias.
Tú tienes la fábrica de Rio Grande en San Martín, en medio de territorios disputados por pandillas. Tienes el hato ganadero con más de 1000 piezas y el cultivo de maíz en el departamento La Paz, en este momento la zona más caliente del país. En tus tres locaciones estás rodeado de problemas de violencia y pandillas, pero sigues invirtiendo. ¿Cómo es posible que tú tengas la experiencia opuesta a la mayoría de empresarios que dicen que ya no aguantan la situación de inseguridad? ¿Eres mago?
No. Es bien simple: Yo como empresario llego a estos lugares conflictivos con la conciencia que puedo cambiar la vida de mucha gente y sus familias. No sólo creando oportunidades de trabajo, sino empleo estable durante todo el año y bien pagado, con beneficios sociales, bonos, acceso a salud. Esto genera comercio en las zonas, donde operan mis empresas. Es una relación de socios con todo una zona, y explica que podamos trabajar y producir en medio de la más cruda violencia que hay en el país.
El hato de Rio Grande en La Paz
Entonces, ¿lo que da seguridad a tus operaciones en San Martín y La Paz no es tanto lo que inviertes en vigilancia, sino más bien la relación con el entorno social que construyes?
Lo decisivo es convertirse en factor de desarrollo e inclusión social. Ni que tuviera un ejército me aseguraría seguridad. Hemos venido a convertirnos en una opción de inclusión, empleo y desarrollo. La gente ha visto un cambio en su vida y su situación social. Y nosotros no preguntamos a nadie si es pandillero o familiar de pandillero. Si quiere trabajar, que trabaje. Yo ni sé cuántos pandilleros tengo trabajando. Lo importante es que no tenemos problemas de violencia, ni contra la empresa, ni contra los empleados.
Hablemos del agro. Levantaste una ganadería exitosa, con más de 1000 vacas de alto rendimiento. Cultivas maíz para abastecer tu producción en San Martín. Y sigues invirtiendo en ambas ramas. Si tú lo pudiste hacer, ¿por qué dicen que aquí la agricultura está condenada a la muerte?
L a apuesta es implementar tecnología y métodos de eficiencia que me faciliten ser rentable en el agro. Si me pongo a cultivar confiando que la lluvia me cae cuando la necesite, voy a fracasar. Entonces, invertimos en un sistema de riego novedoso y en tecnología de siembra. Esto requiere mayor inversión y mayor capacitación, pero da resultados. Esto no lo puede hacer cualquier campesino, pero empresas de agroindustria sí.
Agroindustria, ¿esta es la receta para el crecimiento del agro?
Definitivamente. Nos metimos en ganadería, porque queremos producir y exportar queso. Nos metimos en el cultivo de maíz, porque es nuestra materia prima para la producción de tamales, riguas, elotes y pupusas que exportamos. Es agricultura con valor agregado. Además cerramos círculos de producción. Los desperdicios del maíz alimentan al hato, e incluso pueden ayudar a campesinos de la zona, que tienen un par de vaquitas. La ganadería produce abono para el cultivo. Al rato en el hato vamos a producir energía biológica y bajar nuestros costos energéticos.
Los maizales de Rio Grande en La Paz
Entonces, ¿el agro tiene futuro en El Salvador?
Pero sólo con una visión de responsabilidad social. Cuando quiero todo para mi, estoy haciendo que otro muera. Ahí está la esencia del asunto. No estoy hablando que como empresario hay que ser buena gente. Por nuestro propio interés como empresa tenemos que aportar al desarrollo de nuestros trabajadores y proveedores. Y esto nos asegura que la comunidad, incluyendo los pandilleros, nos respetan y nos dejan a trabajar.
Vamos a la política. ¿Por qué quieres incursionar en la política?
Me meto en política, porque si generamos políticas públicas viables podemos impulsar inversiones múltiples en el país. Urge generar estas políticas y corregir las actuales.
Lo que estás haciendo en San Martín o en La Paz, como un empresario casi solitario, ¿se puede potenciar con políticas públicas?
Se puede. Y entonces se resolvería la crisis económica y a la vez la crisis de inseguridad. Para buscar esto, me meto en política.
Si logras ser electo a la Asamblea, ¿en qué comisiones te ves trabajando?
Economía, agricultura, y seguridad. En las tres áreas tengo algo que aportar. En Seguridad por ejemplo tenemos un proyecto “Trabajando por la Paz”, de prevención y reinserción de jóvenes en riesgo. En fomento de la exportación y en agricultura yo puedo dar aportes concretos, porque tengo la experiencia práctica.
¿Qué rol desearías que tome el Estado en estos asuntos de la agricultura y agroindustria?
Crear instituciones que apoyen con conocimientos y capacitaciones al agricultor. No hay un instituto que tenga seguimiento a las enfermedades o plagas que afectan al ganado o a los cultivos, antes de que se haga desastre, como en el caso de la roya. No hay un instituto que diseñe sistemas de riego u otras aplicaciones técnicas. El Estado tiene que generar esta información y ponerla al servicio de los productores.
Quiero ir al problema de seguridad. Por una parte, dices que actuar responsablemente como empresario abona a crear seguridad para tus empresas y tus empleados. Por otra parte, ¿creaste una fundación que se dedica a prevención y reinserción?
Hace 4 años creamos la fundación Trabajemos por la Paz. En el fondo se trata de rehabilitación. Vamos a las partes más conflictivas, en Soyapango, en el Distrito Italia, en Apopa…
¿Va más allá de crear un entorno de seguridad alrededor de tus empresas?
Vamos a las zonas más conflictivas, no necesariamente vecinas a nuestras empresas. Pero también trabajamos en San Martín en un programa con las escuelas. Estos proyectos los ha sostenido Rio Grande. Trabajamos con los líderes religiosos de las zonas, que por su trabajo son interlocutores con todos, incluyendo los pandilleros. Por una parte damos provisiones de canasta básica, por otra parte los capacitamos, hasta que a los seis meses estén listos para aplicar a un empleo, o en las empresas nuestras o en otras.
Ya me dijiste que el mitos que aquí no se puede invertir, es falso. Dijiste que el mitos que la agricultura no vale la pena, es falso. Ahora me estás diciendo que también es falso el mitos que no se puede hacer nada para construir seguridad…
Bueno, por esto mi consigna es: Sí se puede. Tenemos unos 500 muchachos que han dejado de delinquir y están trabajando. Varios de ellos en mis empresas, y son buenos trabajadores.
Entonces, cuando decidiste correr por una diputación, ¿piensas que esta tu experiencia en el campo empresarial y social la puedes traducir a política, a la generación de políticas públicas?
Esto es exactamente lo que me mueve. Mi idea es resolver los problemas que se generan arriba, en malas prácticas de gobierno, con ideas que nacen de abajo, de la experiencia concreta en las empresas y en las comunidades. Entonces, hay que ir donde se toman decisiones de país, donde se pueden generar cambios que mejoren la vida de muchos.
¿Por qué con el PDC?
Los partidos grandes son bastante cerrados, no abren suficientes espacios. Entonces, un grupo de empresarios que queríamos participar, hablamos con los partidos pequeños, hablamos con Cambio Democrático y con el PDC – y hallamos el espacio con el PDC.
¿En qué tipo de partido tendría que convertirse el PDC para recuperarse y convertirse en un partido con capacidad de incidir?
Un partido abierto a oportunidades para la clase media y para empresarios con visión social. Un partido que incorpore a personas de izquierda y de derecha, porque hay mucha gente de izquierda que está cansada del FMLN, así como mucha gente de derecha y centro que ven muy lenta la apertura de ARENA. El PDC puede ser la unión de centroizquierda y centroderecha en un país polarizado. Por eso entramos al PDC juntos Facundo Guardado y yo. No es casualidad. Hay una buena noticia: Quieren entrar en la política mucha gente que no buscan vivir de la política, y resulta que en el PDC y en ARENA se están abriendo espacios. El partido que abra espacio para gente fresca que quiere aportar, da un gran servicio al país.
 
Hay una discusión ideologizada sobre subvenciones, por una parte, y por otra incentivos al desarrollo, para que la gente ya no dependa de subvenciones del Estado. ¿Cómo ves este debate?
En ningún país del mundo se ha podido crecer y progresar dándole todo fácil o gratis a la gente. Es cierto, el Estado tiene que gastar para que el joven puede defenderse en la vida y avanzar, pero hay que verlo como inversión social que da rendimiento, no como puro gasto social. Estamos cansados que sólo ocupan al pobre, pero no invierten en su futuro. Mira, en Estados Unidos son pocos los salvadoreños que viven del “welfare”, o sea de beneficios del Estado. Cuando hay empleo, prefieren trabajar y ganarse la vida. Los salvadoreños tenemos sentido de dignidad. Si trabajamos juntos la gente pensante, podemos sacar adelante el país y sacar a la gente de la pobreza. Hay que crear las condiciones políticas adecuadas. Para esto necesitamos hombres y mujeres honestos que incursionen en la política. Cuando la gente correcta se haga cargo de la política, este país vuela. Solo ve el éxito que tenemos los salvadoreños en Estados Unidos, como empresarios, profesionales, trabajadores. ¿Cómo no lo podemos tener aquí en casa? Lo que está fallando es la política.
(El Diario de Hoy)

sábado, 15 de noviembre de 2014

Carta a Ignacio Ellacuría

Estimado padre:
Le mataron por la misma razón que asesinaron a Antonio Rodríguez Porth: Para abortar el proceso de paz. Ambos se volvieron peligrosos para los enemigos de la búsqueda de una solución negociada al conflicto. Estos enemigos los hubo en ambos bandos. Los que dentro de la insurgencia vieron con preocupación que con Alfredo Cristiani había llegado al poder un hombre que tenía la autoridad y la visión de abrir dentro de la derecha espacio a la idea de una salida sin vencedores ni vencidos. Por esto mataron al cerebro detrás de esta visión del nuevo presidente: su Ministro de la Presidencia y más cercano asesor, Rodríguez Porth.


Usted sabía esto y expresó en muchas pláticas privadas y no tan privadas que con este crimen se podía abortar el proceso de paz antes de poder agarrar impulso y correlación de fuerza en el campo de la derecha y de los militares. De hecho, usted comenzó a convertirse en el puente entre los sensatos de ambas partes. Esto -y la incidencia que esto podría tener sobre las decisiones del presidente Cristiani- lo convirtió en un peligro para los enemigos de las negociaciones dentro de la Fuerza Armada. Y cuando el FMLN lanzó su ofensiva al tope sobre San Salvador, vieron la oportunidad de eliminar este peligro.

Muy pocos en el ejército, y ciertamente no los que tomaron decisiones, se creyeron la paja que usted y sus hermanos jesuitas estaban detrás de la ofensiva insurgente. Esto era el pretexto para justificar la operación contra la UCA. Los que ordenaron este crimen no querían eliminar a colaboradores de la guerrilla sino a uno de los pocos puentes que quedaba funcionando entre los que, dentro del FMLN y dentro de la derecha, querían en serio avanzar hacia una solución negociada.


Por esto es ridículo pensar que Alfredo Cristiani haya ordenado o consentido la muerte de los jesuitas. Fue una operación contra Cristiani, para debilitarlo; para pararlo; para comprometerlo con los guerreros que querían pasar a la fase definitoria de la guerra contrainsurgente. Estaban desesperados, porque hasta el mayor D'Aubuisson había ya abandonado la idea de buscar una victoria militar y estaba respaldando a Cristiani en su búsqueda de una solución negociada. Es más, parece que precisamente para asumir este rol histórico, el mayor había escogido a Alfredo Cristiani como candidato a la Presidencia.

En la última plática que tuvimos, poco antes de su último viaje para España, usted mismo me explicó este nuevo mapa político. Yo estaba escéptico, usted estaba convencido de las intenciones de Cristiani e incluso de D'Aubuisson. Usted sabía que la ofensiva ya no se podía detener, y al final me dijo: Una vez pase este último auge de la guerra, hay que trabajar duro para retomar las negociaciones y llevarlas a las últimas consecuencias.

Lo mataron, pero ya no pudieron conseguir su objetivo. Pasó la ofensiva, con todo el horror que significaba, incluyendo su propia muerte, pero luego ya no hubo como contener la paz. Cristiani cumplió su misión. Tanto en la Fuerza Armada como en el FMLN se impuso la razón.

Al fin, usted ganó. Pero qué horrible la falta que nos hace, todavía hoy, en la construcción de la paz y de la democracia. Adiós, Ignacio Ellacuría. Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy

jueves, 13 de noviembre de 2014

Carta a un amigo caído en la guerra

Dear Lucas:
Un día 11 de noviembre, creo que fue en el año 2000, llegué a la Ventana, todavía en la San Luis, y en la barra me estaban esperando Greg y Paul, dos excomandos británicos, y mi amigo Raúl Otero, salvadoreño que había ido a la guerra gringa en Vietnam. Los dos ingleses estaban en El Salvador para terminar la tarea de buscar y desactivar las miles de minas que la guerra había dejado en nuestro país. Raúl, quien vivía en Los Ángeles, recién había regresado al país para establecerse como fotógrafo de publicidad y moda.

Los tres ya habían tomado varios tragos. "Sit down, man! ¡Sentáte, hombre! Today is Remembrance Day, let's drink on the fallen. Hoy es el día de memoria, tomemos en honor de los caídos…"


Carlos, el bartender, nos sirvió 4 whiskies. De una botella de Glenlivet que Glen había traído. Shots sin hielo, así como lo toman los británicos. "Falta uno, man, para mi amigo Shawn quien murió en una emboscada en Dublin," dijo Paul. Se levantó, los 4 nos levantamos, y Paul contó la historia de Shawn. Recién había llegado de Glasgow, donde tenía 2 hijas. Murió de un tiro certero de un francotirador. "You're not forgotten, my man. No te olvidamos. Cheers!" Y Paul se tomó su whisky, y el shot de Shawn.

Nos sentamos. Nadie habló. Cada uno pensando en camaradas muertos. 5 nuevos shots. Se levanta Greg, quien había estado en 10 guerras, algunos de ellos inconfesables, nunca declaradas. "There was a man, the best of the braves, Kovalski his name, he was from Poland. El mejor de los más bravos, polaco. Y yo ni siquiera puedo recordar su cara ni su nombre. Pisó una mina el 24 de febrero de 1991, en la frontera de Kuwait, cuando entramos a Irak. Íbamos infiltrados detrás de las líneas de Hussein. This is on you, Kovalski! Disculpe que se me olvidó tu nombre…"

Turno de Raúl. 5 nuevos shots. El hombre no puede hablar sin llorar. No me recuerdo el nombre del hombre a quien dedica esta ronda. Algún chicano que anduvo con él en Saigón. Murió en el jeep que Raúl manejó, a 100 metros del cuartel. Francotirador él, francotirador quien lo mató. 5 whiskies. Silencio largo.

"Your turn, Paolo! Te toca a vos, Paolo". A esta altura ya me habían pasado revista docenas de caras de compañeros muertos. Algunos que había conocido bien: el Gato Jimmy, quien me condujo de San Miguel hasta La Guacamaya, la primera vez que entré al frente de guerra en Morazán, pasando por el maldito cerro de Chapeltique; Mabel, la hermana de Letty; Walter, quien murió en la toma de Perquín. Y vos, Lucas, el gringo viejo…

"Tomemos por Lucas, el tipo más loco que he conocido en Morazán. Otro francotirador. Escritor. Fumador dispuesto a arriesgar su vida por conseguir cigarros. Me enseñaste desarmar, limpiar, armar y disparar mi carabina M2. Me enseñaste cómo enrollar tabaco con papel de biblia. Te mataron en Poza Honda, y años después logramos mandar tus diarios a tu hermano en Estados Unidos. Cheers, Lucas!" 5 shots Glenlivet.

Pasamos horas y horas tomando whisky y recordando a hombres y mujeres que hoy nos hacen falta. No sé cómo llegue a la casa esa noche. A partir de esa noche, cada 11 de noviembre, sirvo un trago a algún amigo muerto. No sé qué se han hecho Greg y Paul, pero estoy seguro que no pasa un Remembrance Day sin que estén en algún bar en alguna parte del mundo para tomar en honor de sus caídos.

Brindo por ellos también. Y por vos, Lucas, con quien nunca tomé otra cosa que aquel café espeso hecho en tu taza de equipo, que trajiste de a saber qué guerra.

Adiós, Lucas, adiós soldados y guerrilleros muertos en guerras que ya nadie se recuerda bien cómo comenzaron. Paolo Lüers 


(Mas/El Diario de Hoy)

Columna transversal; ¿Quién escribe la historia?

"Siempre es el vencedor quien escribe la historia, incluso la de los vencidos", dijo en un poema Bertold Brecht, el poeta y dramaturgo alemán fascinado por el comunismo y su culto a las víctimas de la historia. El poema sigue así: "El matón le desfigura la cara a su víctima / el débil sale del mundo y queda la mentira".

Afortunadamente, no siempre tiene la razón esta expresión del fatalismo. No siempre el débil pierde. Y no siempre el poderoso impone su versión de la verdad. La historia de Auschwitz al fin la escribieron, válida para la humanidad entera, las víctimas. La historia de las masacres de Guernica, My Lai y El Mozote, no la lograron escribir los asesinos. La escribieron las víctimas. La historia de la guerra civil española la conocemos desde el punto de vista de los republicanos. Al fin, la historiografía no es darwinista, sino nace de la época de la ilustración. No siempre se impone la fuerza, a veces se impone la razón.

La guerra nuestra de todos modos no cabe en este esquema de Brecht: sabiamente la terminamos sin vencedores ni vencidos. No hay nadie que desde su posición de fuerza fáctica pueda imponer su versión y establecerla como verdad. Tampoco hay nadie que desde una incuestionable posición ética puede decir: Yo tuve la razón, por tanto yo escribiré la historia de esta guerra. Cualquier que intente escribir esta nuestra historia arrogándose que le asiste la razón ética, va a fracasar. Nuestra guerra produjo pluralismo, y esto se tiene que reflejar en cómo escribir su historia.


Tal vez sea por esto que la guerra salvadoreña aún no ha sido contada. Nadie ha podido ofrecer una verdad definitiva. Tal vez nunca la habrá. Hay cuentos, hay ensayos, hay denuncias, hay libros llenos de anécdotas, hay odas al heroísmo, unas de soldados y otras de guerrilleros, pero nadie ha escrito o puesto en pantalla LA historia de nuestra guerra.

Ahora un grupo de hombres de derecha nos presenta la primera parte de lo que será la trilogía "Los archivos perdidos del conflicto". Todo el mundo sabe quiénes son y de dónde vienen: Gerardo Muyshondt, Ricardo Simán, Toto Rodríguez, miembros de tres influyentes familias de la derecha salvadoreña.

Pero en contra de todos los escepticismos y sospechas, no trataron de cometer la locura de contar la historia de la guerra desde una perspectiva de vencedores, sin haber ganado la guerra. Tampoco trataron de retratar nuestra historia desde lo que en inglés se llama "Righteousness": la convicción de que todo lo que hiciste, incluyendo lo malo, es justificado ante Dios y la moral.

Si acaso los autores de "Los archivos perdidos del conflicto" tuvieron esta convicción, la perdieron al enfrentarse a los miles de documentos sobre la guerra que coleccionaron, revisaron y procesaron para su documental, muchos de ellos inquietantes. Si la tuvieron, abandonaron rápido la intención de escribir "la historia verdadera y definitiva del conflicto, desde el punto de vista de la gente honesta", o sea desde las convicciones de la derecha de haber tenido la razón de su lado.

Me consta, porque discutí con ellos en diferentes momentos de la producción, que Gerardo Muyshondt y Ricardo Simán, al sumergirse en los archivos fílmicos, fotográficos, testimoniales de la guerra, cambiaron la manera de ver su país, la historia, el mundo. Mucho más aún, cuando comenzaron a entrevistar a docenas de protagonistas de la guerra, de las más diferentes ideologías y experiencias, y se dieron cuenta que no hay una solo manera de interpretar y explicar cómo y por qué el país se deslizó a la guerra. Esta experiencia de apertura y reflexión crítica se transmite al público.
La confrontación tan violenta con la realidad y con el universo tan plural de los protagonistas produjo al final una película que abandona el intento de justificar el actuar político y militar de la derecha y de condenar el actuar político y militar de la izquierda.

Ojo: Sigue siendo una película hecha por gente de derecha. Por suerte no tratan de engañarnos con una imparcialidad o neutralidad que de todos modos sólo podría ser ficticia. Hay que agradecerles que nos ahorran una payasada de ese tipo. La película nos cuenta la historia desde la perspectiva de la derecha, pero toma en cuenta los argumentos de la izquierda. Pero siguen siendo los autores, que son de derecha, quienes escogieron, editaron, descartaron los elementos del rompecabezas. Pero es una derecha que está dispuesta a tomar en serio lo que dice la izquierda sobre los orígenes de la guerra. Es una derecha que está dispuesta a someter a revisión crítica su propia actuación durante la guerra, incluyendo las justificaciones para escuadrones de la muerte y masacres.

Esto no significa que lo que presenta la película sea la verdad. Sobre varios aspectos fundamentales de esta historia no existe una verdad, y ellos no tratan de imponer una. Tampoco significa que la película no incluya errores. No voy a hablar, en esta ocasión, de errores cinematográficas, aunque también existen. Hablo de errores políticos. A mucha gente de izquierda les molestará que la película desmonta el mitos revolucionario de los secuestros y los muestra como lo que son: no actos de combate, sino crímenes cobardes contra civiles, que hay que condenar con igual rigor que los asesinatos cometidos por los escuadrones de la muerte. El error de la película no consiste en poner en evidencia la hipocresía de la izquierda en el tema de los secuestros. Este es un aporte positivo. El error de la película consiste en que no desarrolló al mismo tiempo y con el mismo rigor las matanzas de maestros, estudiantes, sindicalistas a mano de los cuerpos de seguridad y los escuadrones.

Otro error es dar tanto espacio a personajes que no aportan nada. Es necesario que en la película hablen los protagonistas, pero no los payasos. Está bien que hablen Fermán Cienfuegos y el Chato Vargas, Facundo y Cristiani, pero dan demasiado espacio a las incoherencias de Francisco Jovel, Alejandro Duarte y el general Gustavo Perdomo. Es absurdo entrevistar a Mauricio Gutiérrez Castro sobre el golpe del 15 de octubre, pero a ninguno de los militares golpistas. También queda débil el capítulo sobre la Iglesia, por la misma razón: Pusieron a hablar a quienes nunca entendieron el fenómeno.

Con todo los errores y vacíos, esta película es un primer paso de la derecha a someter a revisión su propio rol en el conflicto. No veo, por ahora, que la izquierda muestre la misma apertura.
(El Diario de Hoy

martes, 11 de noviembre de 2014

Carta al secretario general del FMLN sobre voto cruzado y control de cúpulas

Estimado Medardo González:
A veces cuando escucho a Salvador Sánchez Cerén, me nace la esperanza que ustedes en el FMLN se están abriendo al realismo, dejando atrás dogmas desfasados - y que abrazan la democracia, dejando atrás sus inclinaciones autoritarias.
Pero luego te escucho a vos, y me doy cuenta que este cambio en el FMLN es una ilusión, un engaño que usan para calmarles los nervios a los empresarios, la sociedad civil, los gringos y al Banco Mundial.
Ultimo ejemplo: tu reacción visceral ante la última sentencia de la Sala de lo Constitucional, la del voto cruzado. Bueno, así ha sido tu reacción a cualquier sentencia de la Sala, o más bien a la mera existencia de una Sala independiente que se niega a someterse al control que ustedes ya tienen sobre los otros dos órganos del Estado: la Asamblea y el Ejecutivo.
El voto cruzado -o sea, el derecho del ciudadano de votar no solo por cara y persona, sino además por candidatos de diferentes partidos e por independientes, es un paso más para cumplir con la Constitución que dice que el voto tiene que ser libre. El primer paso fue el voto por cara, y ustedes protestaron. El siguiente paso es el voto cruzado. Cuando ustedes dicen que estas reformas electorales debilitan a los partidos, están confundiendo partido con cúpula. El voto por cara y el voto cruzado fortalecen a los partidos, porque los hacen más democráticos. Y sí, debilitan a las cúpulas (o sea a vos), porque les quitan el control total. Enhorabuena. Ya no serán el COENA de ARENA y el Politburó del FMLN quienes decidan quien entre sus 84 candidatos será diputado y quién solamente relleno. Serán los votantes. Producto de esto, ARENA ya se está abriendo a más democracia, mientras ustedes en el FMLN se encerraron aún más.
Cuando salió la sentencia del voto cruzado, la sociedad se metió en una discusión necesaria y técnica de cómo cumplir esta sentencia, con qué mecanismos, con qué método de asignar diputaciones. Pero ustedes no: Su única preocupación por el poder de la cúpula partidaria.
Por esto, vos inmediatamente tiraste línea a los militantes del FMLN, para que bajen línea a los simpatizantes: Sigan votando por la bandera del FMLN. Nos vale riata el voto por cara, nos vale el voto cruzado, son inventos del enemigo…
Y con esta explicación filosófica: “Hay que atenerse a los contenidos y los programas de los partidos políticos en vez de atenerse a ocurrencias de los individuos." O sea, lo que importa es el partido, su plan, su programa, no los candidatos como personas.
“El partido siempre tiene la razón” – esto ha sido la regla eterna de todos los partidos comunistas. El gran escritor de la izquierda alemana, Bertold Brecht, en 1930, cuando aún era disciplinado militante comunista, lo explicaba así: “El individuo tiene dos ojos, el partido miles.” Ojos para vigilar, ojos para controlar y luego castigar… De esto se dio cuenta Bertold Brecht, cuando el 17 de junio el partido reprimió en Alemania Oriental con tanquetas una huelga de obreros contra la dictadura del proletariado. En su poema “La solución”, que por cierto no lo dejaron publicar, le dijo a su partido:
"Tras la sublevación del 17 de Junio
la Secretaria de la Unión de Escritores
Hizo repartir folletos en la Alameda Stalin
indicando que el pueblo
había perdido la confianza del gobierno
Y podía ganarla de nuevo solamente
Con esfuerzos redoblados. ¿No sería más simple
En ese caso para el gobierno
disolver el pueblo
Y elegir otro?"
Vos aun sos fiel creyente en la regla: El partido siempre tiene la razón encima de cualquiera de sus militantes – y por supuesto encima de la Sala de lo Constitucional y la masa de ignorantes que hacen caso al partido.
Así que el 1 de marzo del 2015, ustedes van a llamar a votar por el partido, mientras que el resto de la sociedad va a hacer uso del voto por cara y del voto cruzado para consolidar la democracia.
Ya sé que vas a decir que digo todo esto, igual que los magistrados de la Sala, por encargo de “la oligarquía”. Bueno, si esto te sirve para no perderte en el desorden que para vos generan inventos “burgueses” como la democracia, la independencia judicial y la libertad de expresión…
Paolo Lüers
(Mas/El Diario de Hoy

sábado, 8 de noviembre de 2014

Carta a una amiga sobre el muro de Berlín, el socialismo, la guerra y la paz

Querida M.:
En 1967 marchamos juntos contra la guerra gringa en Vietnam. La policía de Berlín Occidental nos dio palo.

En agosto de 1968 fuimos juntos a Berlín Oriental para protestar contra la invasión soviética en Checoslovaquia. Nos dio palo la "policía popular" del "paraíso de los obreros y campesinos".

El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín —y poco después el régimen comunista en Alemania Oriental y todo el bloque socialista.

Yo no estuve en Berlín, pero tú sí. Yo ni siquiera estaba prestando atención a los eventos dramáticos que llevaron a la caída del muro: las manifestaciones millonarias y pacíficas en todas las ciudades de la "República Democrática Alemana", la descomposición del Buró Político comunista. Ni cuenta me di de estos eventos en Berlín que iban a cambiar radicalmente mi país nativo (y el mundo). Porque estábamos en la víspera de la "ofensiva al tope", que iba a cambiar de manera igual de radical mi país adoptivo, El Salvador.

Además, en esta madrugada del 9 de noviembre 1989, cuando en Berlín Oriental ya eran horas de la tarde y la gente comenzó a tomarse por asalto el muro que horas después iba a botar, yo anduve con una gran goma de mi cumpleaños. Había tomado demasiado la noche del 8 de noviembre, para quitarme la tensión de estos últimos días antes de la ofensiva.

Alguien me habló: "Está cayendo el muro de Berlín". Encendí la tele y vi las imágenes de la gente bailando encima del muro, de masas pasando libremente la frontera que durante décadas había sido el famoso "telón de hierro" que dividía, Berlín, Alemania, Europa y el mundo entero.

Intenté hablarte, pero no hubo conexión. Luego, todo esto pasó a segundo plano, pasó la ofensiva guerrillera con todo su drama. Murieron muchos amigos. Después comenzó en serio la negociación para salir de la guerra que nadie podía ganar y nadie quería alargar.

Pasadas las fiestas en Salvador, donde celebramos la paz y el regreso de tantos exiliados y enmontañados, me fui para Berlín. Quería compartir con vos y otros compañeros de tantas jornadas de rebeldía la inmensa alegría que sentía por los eventos que habían cambiado tan dramáticamente mis dos países: Alemania se había liberado del muro, de la división, de la guerra fría. El Salvador se había liberado del militarismo, de la represión, de la guerra.

Nos encontramos en un gran abrazo, pero me di cuenta que yo estaba llorando de alegría y vos de frustración. Me preguntaste por qué habíamos abandonado la lucha. Y yo te pregunté por qué no estabas feliz que había caído este maldito muro. Vos no entendiste mi alegría, y yo no entendí tu frustración. Este fue el día que tomé conciencia que mi país era El Salvador, donde yo había formado parte de un proceso de cambio histórico, y no Alemania, donde la caída del muro y la reunificación, donde estuve ausente cuando la historia aceleró su paso.

Vos estabas frustrada, porque sentiste que con el muro y con el fin de la guerra revolucionaria de El Salvador se había desvanecido la utopía del socialismo. Yo estaba feliz, porque el régimen, que cayó con el muro, nunca tuvo nada que ver con mis sueños de libertad y justicia. Para mí, la caída del socialismo tipo soviético y el fin de nuestra guerra marcaron la hora de una nueva izquierda, al fin liberada de los horrores del estalinismo, en el caso de Alemania y Europa; y en Centroamérica, al fin liberado de la guerra.

Nuestra amistad, forjada en el calor de las rebeliones de los 60, nunca se recuperó de este desencuentro. Vos sigues creyendo que con la caída del imperio soviético y con el fin de las insurrecciones armadas en Centroamérica ganó el imperialismo. Yo sigo convencido que ganó la razón —y que ganamos nosotros, quienes siempre luchamos contra el autoritarismo y la represión: en Berlín, Praga, El Salvador…

Lástima que vos no podés compartir esta felicidad que yo siento cada vez que llegamos a fechas como hoy, 9 de noviembre, el día que cayó el muro y enterró al comunismo; o como el 31 de diciembre cuando firmamos el ceso al fuego.

Que me disculpen que esta carta salió tan larga, pero nunca he podido poner esto en papel, y era hora de hacerlo.

Un abrazo, Paolo Lüers

(Mas!/El Diario de Hoy