sábado, 25 de octubre de 2014

Carta al candidato que quiere salvar Mejicanos

Estimado José Andrés Hernández:
Usted es el candidato que ha aceptado el reto más grande de esta campaña electoral: defender por parte de ARENA la alcaldía de Mejicanos. No cualquiera acepta lo que muchos ven como misión imposible. Para muchos, en Mejicanos Arena ya se hundió en toneladas de basura.

Pero nada es imposible en política, cuando uno está dispuesto a encarar el problema. El problema que llevó Mejicanos al borde de convertirse en municipio fallido se llama ARENA. En Mejicanos, o se cambia radicalmente a ARENA, o los ciudadanos cambiarán de partido gobernante.

Obviamente, la actual alcaldesa había que cambiarla. Pero no es suficiente cambiar de alcalde. Tiene que haber una revolución interna, con un concejo totalmente diferente, con otra actitud hacía los ciudadanos, con mucha capacidad para elaborar soluciones prácticas.

Y estas soluciones no pueden esperar para el nuevo período a partir del 1 de mayo. O comienzan ya, o nunca.

Usted ni se preocupe de pulir su discurso. Con ningún discurso usted puede ganar en Mejicanos. Sólo con hechos. Tiene que movilizar, desde ya, a todo su partido, a los empresarios de Mejicanos, a los alcaldes amigos para resolver, en la práctica y con eficiencia, el problema de la basura que agobia a los ciudadanos. Yo sé que esto no es fácil, y que no es posible lograrlo mañana. Pero tenga por seguro: si durante las fiestas navideñas y del fin de año, la gente de Mejicanos no ven que usted tiene limpia la ciudad, no tiene la más mínima posibilidad de convertirse en alcalde. Y en este caso, ni lo merece.



Claro que la culpa tiene la alcaldesa y su pésimo concejo. Pero la responsabilidad la tiene ARENA que los puso a gobernar y tampoco tuvo la capacidad de corregir, sobre la marcha, las graves deficiencias de esta alcaldía. Si ARENA no las corrige ahora, en la campaña, no tiene derecho de seguir gobernando.

Hable con los empresarios para que pongan los camiones. Hable con sus bases para que se conviertan en voluntarios. Hable con los alcaldes amigos que le echen una mano. No es imposible encontrar soluciones.

Si esta acción se convierte en el eje central de su campaña, en vez de andar repartiendo babosadas que solo aumentan el volumen de basura, y si de esta manera usted demuestra capacidad para resolver problemas, usted merece ser alcalde.

No tengo el gusto conocerlo, pero tenga la impresión que usted es el man que puede sacar a la ciudad de Mejicanos del peligro de asfixiarse en la pestilencia que producen la basura y la pudrición política. Saludos y buena suerte, Paolo Lüers
 (Mas!/El Diario de Hoy)

viernes, 24 de octubre de 2014

Carta a los alcaldes de ARENA

Estimados amigos:
¿Cuál es el miedo que ustedes tienen de los concejos plurales? Si no tienen nada que esconder en sus alcaldía, ¿en qué les afecta que en el futuro tengan concejales de otros partidos?

La reforma de los concejos plurales que la Asamblea al fin aprobó, en el fondo es un asunto de transparencia, nada más. Ustedes, como alcaldes, siempre van a tener mayoría en su concejo municipal. Siempre tendrán a su lado un síndico de su partido y confianza. Van a poder tomar todas las decisiones, igual que en sus actuales concejos, siempre cuando tengan el respaldo de su partido. No está en peligro la gobernabilidad. La oposición tendrá presencia, voz y voto en el concejo, pero nunca podrá sabotear su labor como alcaldes. A menos que ustedes, al estilo de caciques, quieran imponer medidas que ni siquiera tengan el apoyo de la totalidad de sus propios concejales. Esto sí puede pasar: Uno o dos concejales de su propio partido pueden hacer unión con los opositores para pararle el tren al alcalde, cuando quiera salir del programa de gobierno municipal acordado o hacer chanchullos.

¿De esto tienen miedo? Pero esto es bueno, a menos que alguien de ustedes quiere seguir jugando a dictadorzuelo o cacique. Ustedes se están oponiendo a la democratización de los gobiernos municipales. Es bueno que en el futuro el alcalde debe tener la capacidad de convencer a sus concejales, en vez de imponerse…

Es bueno también que en el futuro todo lo que se discuta y decida en la alcaldía será transparente. En democracia, la oposición política es el primer eslabón del control sobre los gobernantes. Sin este eslabón no funciona el segundo, aun más importante: el escrutinio por parte de los ciudadanos. Tener miedo a esto es tener miedo a la democracia. No debe exigir gobierno sin oposición que tenga pleno acceso a toda la información y que participe en la toma de decisiones.

Su argumento es: Estamos de acuerdo, pero no ahora. El país no está listo para implementar esta reforma. No, señoras y señores: los únicos que no están listos son ustedes. No quieren rendir cuentas. No quieren tener la oposición dentro de la alcaldía.

Ya metieron a su partido en un gran dilema. Pusieron a sus diputados entre la espada y la pared, los obligaron a dar trámite a una legislación para postergar la implementación de los concejos plurales. ARENA no puede volver a ser obstáculo de la conquista de más democracia y transparencia. En cinco años bajo un gobierno con tendencias autoritarias, ARENA ha implementado el doloroso proceso de transformarse de tapón en motor de la democratización del país. Aparte del mal gobierno del FMLN, esta es su principal ventaja para las elecciones del 2015. Y vienen unos alcaldes que por miedo a la transparencia ponen en peligro esta ventaja.

Edwin Zamora, al sólo asumir la candidatura a la alcaldía de San Salvador, dijo con toda claridad que gobernar con un concejo plural no le asusta. Por lo contrario, lo ve como una oportunidad de desarrollar políticas consensuadas para el bien de la ciudadanía. Tiene toda la razón Edwin Zamora. Precisamente por esto, Zamora es buen candidato: Puede con credibilidad representar a una ARENA renovada y democrática.

Si ustedes obligan a su partido a hacer alianzas antidemocráticas en la Asamblea para impedir los concejos plurales, le regalan al FMLN las elecciones del 2015.

Espero que el partido no se deje chantajear por unos alcaldes que defienden sus feudos. Si no estaban dispuestos a gobernar con un concejo plural, mejor no se hubieran postulado para su reelección, dejando espacio al relevo democrático.

Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy)

Una ley que crea confusión jurídica

En agosto una noticia impactó a toda la sociedad: "Desbaratan banda que vendía virginidad de niñas en $150". Provocó una tormenta de indignación, incluyendo intentos de linchamiento público mediático y en las redes sociales de presuntos clientes de esta detestable red de prostitución. Y como siempre: el grito al Estado que sea más duro.

Los legisladores, sobre todo en tiempos preelectorales, siempre son bien sensibles a estas tormentas de indignación. Seis semanas después, la Asamblea aprueba, casi con un unanimidad, la Ley de Trata de Personas. No es que los diputados la inventaron en 48 días. No, la tenían en jabón (algunos dicen más bien engavetada) desde hace años. Pero ahora, bajo el impacto de la indignación popular, la aprobaron rápido, a pesar de los múltiples problemas que tenía el proyecto (y por los cuales nunca había avanzado antes en la fábrica de leyes).

Aquí los artículos claves de esta ley:
Artículo 3
Para los efectos de la presente ley, se entenderá por:
a) Explotación humana: cuando una persona dispusiere de la integridad física de otra para realizar actividades de explotación sexual en sus distintas modalidades; …

Artículo 5
Para efectos de esta ley, son modalidades de la explotación humana las siguientes:
5b
Explotación sexual: Todas las actividades tendientes a inducir u obligar a una persona a realizar actos de tipo sexual o erótico con la finalidad de tener un beneficio económico o de otro tipo para sí o un tercero. Esto incluye los actos de prostitución y pornografía.

54 a
El que … facilite, promueva o favorezca, para ejecutar o permitir que otros realicen cualquier actividad de explotación humana, definidas en el artículo 3 de la presente ley, será sancionado con pena de 6 a 10 años de prisión.

Pocas veces he leído una cosa tan enredada y confusa como esta ley. La ley está llena de lo que los juristas llaman "conceptos jurídicos indeterminados".

¿Qué significa "dispusiere de la integridad física de otra"?

¿Qué significa "inducir u obligar"? Al poner ambos términos, "inducir" no puede ser uso de fuerza (esto sería obligar). ¿Qué, en términos jurídicos, es "inducir"? ¿"Inducir" incluye ofrecer pago, seducción, promesas de qué tipo? ¿Significa, entonces, que serán penados los usuarios de la prostitución?

¿Qué es un "beneficio de otro tipo", o sea diferente al económico?

¿Cómo interpretar la frase "Esto incluye los actos de prostitución y pornografía"? ¿Significa que la definición del delito puede incluir actos de prostitución y pornografía, siempre y cuando se cumplan otras circunstancias definidas en esta ley? En este caso, ¿cuáles circunstancias? ¿O significa que incluye todos los actos de prostitución y pornografía? ¿Se convierten en delito y se sancionará penalmente la pornografía y la prostitución? Si es así, ¿por qué la ley no lo dice con claridad? ¿Y existe un consenso de la sociedad sobre esto?

Lo más confuso es el artículo 54 a. Tomándolo de manera literal, significa que vamos a sancionar a quien "facilite, promueva o favorezca … que otros realicen cualquier actividad de explotación humana", pero no a quien de hecho realiza la actividad de explotación humana. Sería absurdo.
Por más que se lee esta ley, y en especial los artículos citados arriba, no queda claro si quieren prohibir la prostitución y la pornografía en general, o solamente cuando se realiza en ciertas modalidades, por ejemplo forzadamente. Son dos cosas diferentes: o cerrar todos los prostíbulos, o supervisar que no exista prostitución forzada.

Tampoco queda claro si se quiere sancionar a los usuarios o clientes de la prostitución, o solamente a los que cobran por facilitar servicios de prostitución: chulos, dueños de burdel. O solamente que se dedican a este negocio usando fuerza y restringiendo libertades. Parece que está distinción, que sería de suma importancia, queda escondida en los términos tan poco precisos como "dispusiere de la integridad física", "inducir", "beneficio de otro tipo", y de la manera impreciso como se introduce el concepto de la prostitución.

Una ley no puede dejar tantas interrogantes abiertas y sujetos de interpretación. Una ley tiene que crear seguridad jurídica. Leyendo la ley me da la impresión de que los 81 diputados que votaron por esta ley no han tomado decisiones conscientes sobre estas interrogantes. Lo peor que puede pasar son imprecisiones en una ley penal, que dejan demasiado espacios de interpretación y, por tanto, de decisiones arbitrarias y corruptas en favor o en contra de un acusado.

Me van a alegar que no soy jurista y que son los abogados y jueces que tienen que entender esta ley, sus intenciones y alcances. No es así: Una ley que no es clara para los ciudadanos no sirve. Y si yo, analizándola como lingüista, no la encuentro clara, de nada sirve que los abogados ofrezcan interpretaciones. Esta ley está mal redactada, la intención y los alcances no quedan claramente definidos. El presidente tendrá que vetar esta ley si quiere cuidar el Estado de Derecho.

Esta ley obviamente fue aprobada para responder a la indignación que en la opinión pública se ha creado por el caso de la red de prostitución de menores descubierta recientemente, y por el escándalo que ha despertado. Se entiende la indignación, pero no podemos permitir que la Asamblea apruebe leyes mal hechas, solo para que la gente vea que los diputados están respondiendo a su clamor.
(El Diario de Hoy)

martes, 21 de octubre de 2014

Carta al fiscal general

Estimado Luis Martínez:
El otro día tuve el gusto de asistir a una gentil invitación a su institución. No tenía idea de qué se trataba y si me citaban en calidad de testigo o imputado. Entonces. acepté la gentil oferta de un amigo y reconocido letrado a acompañarme. Por si las moscas…


Los dos fiscales que me estaban esperando se asustaron cuando vieron quién me acompañaba. Comenzaron a explicar al famoso jurista y constitucionalista que él no podía estar presente en esta diligencia, ya que el interrogatorio de un testigo es de carácter reservado.

La buena noticia para mi era que no estaba acusado de a saber qué delito, sino estaba ahí en calidad de testigo. La mala noticia: Me estaban negando el derecho de contar con asesoría jurídica. Cosa que nosotros rechazamos. Uno de los dos fiscales asignados al caso, del cual aun yo no tenía idea de qué se trataba, comenzó a redactar un acta para hacer constar que me negaba a declarar. Como ciudadano respetuoso a la ley, por supuesto, insistí que tenía toda la voluntad de declarar.

Mi amigo y abogado comenzó a dar cátedra de constitucionalismo básico, explicando que como ciudadano uno tiene derecho a todo que no sea explícitamente prohibido por la ley. Los fiscales nos empezaron a leer párrafos de diferentes leyes, pero en ninguno decía algo como: el ciudadano que declara ante la fiscalía como testigo tiene prohibido acompañarse de un abogado…

En cierto punto del debate me dijeron, casi suplicando, que no me preocupara, que en el momento que dijera algo que me incriminara, ellos inmediatamente me comunicaran que de testigo me estaban cambiando a categoría de imputado – y en este momento tendría derecho a un abogado. La respuesta del letrado que me acompañaba: precisamente para esto estoy aquí, para evitar que mi cliente diga algo que a ustedes puede parecer como auto-incriminación.

Claro, esta discusión jurídica sobre el supuesto peligro de auto-incriminación no me gustó por nada. Entonces, tomé una decisión: Como no hay nada de lo cual me podría incriminar, porque no existe delito, estoy dispuesto a someterme al interrogatorio solito, sin abogado. Salgamos ya de esto, y punto.

Al fin, la solución salomónica, a insistencia de mi abogado: Yo iba a declarar solo, y mi abogado se iba a mantener pendiente afuera, en el pasillo, para que yo pudiera salir a consultarlo en cuanto tuviera la impresión que me estaban haciendo trampas para   incriminarme. Tenía razón. Aunque yo no cometí delito alguno, no hay garantía que no trataran de implicarme en algo. Cosas peores se han visto…

No voy a contar nada sobre el interrogatorio, en respeto al carácter reservado de mis declaraciones. Ni siquiera voy a contar de qué se trataba, solo que tuvo que ver con la investigación general que la fiscalía desde ratos lleva sobre la tregua - y con las declaraciones irresponsables de un ministro del gobierno Funes…

Al fin nunca necesité a mi abogado. Pero su mera presencia, aunque en el pasillo, garantizaba que no me podían hacer trampas serias. Me hicieron las preguntas sobre el asunto que les habían encargado investigar, y les aporté suficientes elementos para llegar a la conclusión que no existía delito de parte de nadie.

Las trampitas que me hicieron, de repente hablando de otras cosas a ver qué pescaban, las pude manejar solito. El asunto, de todos modos, era tan poca cosa que no entiendo como llega a ocupar tanto tiempo de tantos fiscales.

No pasó nada. Momento: ¿Realmente no pasó nada? Pasó que me quedó la fea sensación que la fiscalía está negando a los testigos que llegan a declarar el derecho constitucional de tener asistencia de su abogado para protegerse del peligro de auto-incriminarse y pasar de repente de testigo a imputado o incluso enchuchado. Si me hacen esto a mi que me acompaño de un abogado tan prestigioso, ¿cómo no lo van a hacer a otros todos los días?

Usted, señor fiscal general, como garante del estado de derecho, tal vez puede quitarme esta fea sensación y aclarar este asunto de una vez por todas. Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy)

sábado, 18 de octubre de 2014

Carta a Ada Michelle Guzmán Sigüenza

Guardé en mis archivos una carta que no me atreví a publicar. La única en más de cinco años de dedicarme a este oficio de escribir cartas. No contando los borradores que me salieron mal o que descarté porque no estaba seguro de los hechos mencionados. Pero este escrito descartado no fue un borrador, fue una carta terminada, bien hecha, me encantaba, y la iba a publicar martes 17 de marzo de 2013 - pero al fin temí que podía ser percibida como si tocaba un asunto demasiado personal y privado… Por esto no la publiqué.
Busqué la carta en mis archivos, cuando leí que Mauricio Funes culpaba a la oposición y a los medios de comunicación del fracaso de su matrimonio con Vanda Pignato. Demasiado descaro. La leí nuevamente, y me di cuenta de que fue un error no haberla publicado en su tiempo. Otra vez se me confirma una regla que ya aprendí de niño: No hay que ahuevarse nunca. Y otra que aprendí en mis días de aprendiz de escritor: La peor censura es la autocensura.

En misión en Los Angeles, con su estilista
Estimada Michi:
Reciba los más cordiales saludos de este servidor de tragos. Como no tengo otra forma de comunicarme directamente con usted, lo hago de esta forma un poco inusual. Vaya a disculpar también que me dirijo a usted con su sobrenombre, pero tome en cuenta que este nombre ya forma parte integral de nuestro lenguaje popular...

Solo quería recordarle que su pasaporte diplomático Número D005383, emitido el 6 de diciembre del año 2011, vence el 5 de diciembre del año en curso.

Como todos sabemos que usted viaja frecuentemente al exterior en importantes misiones del Estado, por favor tenga el cuidado de renovar a tiempo este documento que la acredita como servidora pública. Usted ya sabe los mecanismos que tiene que usar para que le salga sin ningún problema ni atraso - no tienen que ser muy formales ni necesariamente en horas de oficina.

Digo a tiempo porque algunos países no permiten la entrada a su territorio con pasaportes que no tengan validez de más de seis meses. No vaya ser que alguna diligencia importante para nuestra nación se quede frustrada solo porque usted no haya renovado a tiempo su pasaporte diplomático.
Le deseo el mayor de los éxitos en sus delicadas misiones.

Sin más que agregar, se despide Paolo Lüers 
(Mas!/El Diario de Hoy)

jueves, 16 de octubre de 2014

Carta a Edwin Zamora

Estimado Edwin:
Te metiste en un gran huevo, amigo. Felicidades por el valor de aceptar este reto. Es obvio que vos sos el candidato que mejor puede encarar al señor Bukele jr. en televisión, en las redes sociales, en debates, en foros universitarios o con gremios profesionales… O sea, vos sos bueno, suelto, competente y creíble en los terrenos donde el candidato del FMLN pensaba tener ventaja. Esta relativa ventaja se derritió como sorbete en la playa,  de un solo golpe, con tu presentación, con el respaldo visible de tu partido, con el apoyo de Norman Quijano, con tu aparición mediática. La reacción en la esquina de Bukele jr. no podía ser más dramática: como un enjambre de abejas se despertaron y ajolotaron los ejércitos de trolls en las redes sociales – andaban bravas las abejas, pero no sabían a quién picar, porque este candidato que le han puesto enfrente, es tan difícil de atacar. Ya no es Norman, para el cual tenían toda una estrategia de desgaste, ataques personales. Entonces, comenzaron a picar a todo el mundo, a la loca…

Así que pienso que arrancaste bien. Pero vos sabés, y ojala que en el transcurso de la campaña no te olvidés (como suele pasar a candidatos), que las elecciones municipales no se ganan en las redes, ni en televisión, ni en las universidades, sino en los barrancos, barrios, y las colonias polvosas de la ciudad. Caminar en los zapatos de Norman por estos lados no es fácil. Y la única forma de aprenderlo rápido es meterse. Lo mismo que dije a Bukele jr. hace un par de semanas: hay que ensuciarse los zapatos, o mejor ponerse tenis o botas. La ventaja tuya es que no usás calcetines rosados, así que será un poco más fácil que La Chacra o en Las Palmas te tomen en serio…
La otra ventaja tuya es que Norman se ofreció de guía para conectar con las comunidades, sus directivas, las vendedoras de mercado. Hay que aprovechar esta ventaja. Si vos encontrás el lenguaje correcto para convencer a la mara de a pie que vos sos un maitro que no ofrece casaca sino soluciones prácticas. Y esto hay que hacer rápido, casi de inmediata. Una vez que la gente se ha formado una imagen tuya, y se parece demasiado a tu contrincante, ya tendrás puesto un sello difícil de quitar: Otro señorito…
Este es el dilema tuyo, Edwin: Por una parte te conviene parecerte a tu adversario, pero por otra parte tenés que ser radicalmente diferente. Igual: por una parte tenés que parecerte a Norman, porque solo así puedes “heredar” su acumulación política en los barrios – pero por otra parte tenés que ser tan diferente que sacás de quicios al “teamnayib”.
Si no te enredás en estos dilemas, serás alcalde.
Suerte te desea Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de HoY

Columna transversal: El gran fiscalizador es el ciudadano, no el Estado

La Asamblea, luego de mucha resistencia y tardanza, en febrero del 2013 al fin hizo la Ley de Partidos Políticos. Una de las funciones de esta ley: generar transparencia de las finanzas de los partidos y sus campañas electorales.
Uno de los puntos de discordia fue, desde el principio de las deliberaciones: ¿Cuánta transparencia? O, mejor dicho: ¿Quién tiene derecho de saber? ¿Quién es, en fin, el fiscalizador?

Las únicas respuestas consecuentes a estas preguntas son: Transparencia total; el que tiene derecho de saber y fiscalizar es el ciudadano, el votante. Pero ni siquiera toda la oposición compartió este concepto radical de transparencia y rendición de cuentas. Muy pocos diputados (uno de ellos Edwin Zamora, de paso sea dicho) exigían que todas las donaciones que reciben los partidos y sus candidatos tienen que ser transparentados, y que el público en general, o sea cualquier ciudadano tenía que tener acceso a esta información.

La ley se quedó corta, porque los partidos no querían tanta transparencia. Y porque no concebían que el titular del derecho de conocer y fiscalizar las finanzas detrás de las campañas electorales sea el ciudadano, no el Estado y cualquier burocracia creada para este fin. El que vota y por tanto tiene que saber quienes están detrás de los partidos y candidatos es el ciudadano, no el Estado.

A la misma conclusión llegó la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Por ello, en agosto emitió una sentencia que obliga a las Asamblea a corregir la Ley de Partidos y establecer bien el principio de la transparencia. Conociendo como opera la Asamblea, la Sala le da un plazo de dos meses para hacer esta reforma.

Casi han pasado los dos meses, y los diputados no han cumplido. Siguen en la discusión de cómo evadir la transparencia y la fiscalización. Con los votos de FMLN, PCN y ARENA, la comisión de reformas electorales aprobó un dictamen, con el cual piensan engañar al público: Acordaron que, por supuesto, “toda la información de cantidades e identidad de donantes será de acceso sin restricciones para autoridades encargadas de auditar a los partidos políticos como el Ministerio de Hacienda, el Tribunal Suprema Electoral y la Corte de Cuentas” (LPG, 15 de octubre 2014). Suena bien, a primera vista (“toda la información…”). Pero luego viene el truco: “El acceso ciudadano a la información de los donantes de los grupos políticos será facilitado siempre que las personas que financian den su autorización para ser publicadas.”

Disculpen, señores diputados de la gran coalición de evasión de la transparencia: Está bien que las autoridades competentes del estado auditen para ver si existe lavado de dinero, tráfico de influencias, corrupción u otros delitos. Perfecto. Pero esta audición no es el sentido político y ético de la transparencia. Estamos hablando de cómo facilitar al ciudadano el voto más informado posible. El votante necesita saber quién y el interés de quién está detrás de cada candidato y partido. Al diputado X lo está financiando, por ejemplo, don Fito Salume – bueno, que voten por él quienes no tengan problema con esto. Un partido está financiado por la gran empresa – bueno, que no voten por este partido los que sueñan con el socialismo. Otro partido vive de fondos de ALBA – bueno, yo no votaré por ellos…

Este tipo de transparencia -frente al pueblo, no frente a papá Estado- quiere la ciudadanía y dicta la Sala. Es lo único importante: En mi criterio, ni siquiera es necesario regular cuánto una persona o una empresa puede donar a un partido – con tal que lo sepamos todos y podamos sacar nuestras conclusiones. Sólo así convertimos al ciudadano en el fiscalizador de la política. Es un derecho que no podemos delegar a “autoridades competentes del Estado”, mocho menos al tipo de instituciones y funcionarios que tenemos. Nuestro derecho a fiscalizar a los partidos no puede ser condicionado a la “autorización” de sus donantes.

(El Diario de Hoy)